Hace un mes volví a casa para despedirme de mi padre.
Una vez más nos tocó sentarnos a esperar la muerte. Volvimos a ver en ella una vía de escape, un consuelo para el sufrimiento.
El cáncer consumió su humanidad y una parte de nosotros, debilitó su cuerpo y puso a prueba nuestro espíritu, se robó su vida y cambió las nuestras.
El cáncer ganó. Una vez más, ganó.
Hoy, en casa, hay otra silla vacía.
Esta vez no me despedí en un aeropuerto. Esta vez estuve al borde de su cama y en un esfuerzo por contener las lágrimas, ambos sonreímos.
Yo sólo atiné a decir: te llamo cuando llegue. Bendición.
Él, después de un Dios te bendiga, dijo: ponte las pilas, no pierdas otra vez el avión.
Con su sonrisa en la mente volví a casa. ¡Fue él quien me enseñó a sonreír!
Mi padre encontró el lado bueno de la vida y lo compartió con nosotras.
Mi padre nos alertó, nos vio meternos en problemas, nos regañó ¡y se rió con nosotras!
Mi padre y su sonrisa siempre estuvieron ahí.
Mi padre cumplió.
Mi padre se fue con la certeza de que las tres podremos seguir adelante.
Mi padre nos preparó para su partida. Sufrió durante un año y se apagó poco a poco; quizás en un intento por aliviar el dolor que generaría su ausencia.
Mi padre antepuso nuestro bienestar a su dolor. Mi padre nos dio una lección.

(AbrazoApretado) ...
ResponderEliminarVa un abrazo de vuelta, yopita <3
EliminarQue lindo escribes! Tu padre está muy orgullo de ustedes! Sin duda hizo un trabajo ejemplar!! Un abrazo Conce.
ResponderEliminar¡Gracias, Lili! ¡Un abrazo de vuelta!
Eliminarmi amor escribes con el sentimiento, como esres tu,orgulloso ha de estar tu padre, mi hermano con quien compartí tantos momentos,de su hija extraordinaria persona,tqm
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