Conchita tiene 80 años. Cumplió los 18 a bordo del barco que la traía a esa Venezuela progresista y llena de oportunidades que hoy añoramos. Desde 1953 es una extranjera con permiso de residencia. Nunca ha votado y hoy su cédula amarilla representa un problema.
Como todos los jueves, Conchita acudió al supermercado más cercano con la intención de comprar algunos productos regulados. Hizo la cola, tomó dos lavaplatos en crema, dos kilos de arroz y dos kilos de detergente. Llegó a la caja, dictó a la cajera su número de cédula y al colocar el pulgar en la máquina captahuellas, le dijeron:
- Disculpe señora, usted no puede comprar productos regulados porque es extranjera.